Seis Pecados (Epílogo)

Comentarios al extracto del diario de Vonn Ludwig, aparecido en un reportaje especial de la Crónica de Korranberg, por Kendra Davasios (*); extraído de la “Khorvairian Geographic” Nº 72.

En mi amplia experiencia, muchos detalles en el relato proporcionado por el señor Vonn Ludwig proporcionan indicios que levantan una sospecha razonable sobre las actividades del popular grupo conocido como “Los Recuperadores”. Las hazañas de dicho grupo de mercenarios han sido continuamente ensalzadas a través de la Crónica de Korranberg, llegando incluso a convertirse en periódicas apariciones cuyo clímax fue alcanzado en la triste crisis internacional entre Breland y Thrane que los tuvo como causantes y protagonistas. He aquí las razones por las que el relato al que me refiero ha levantado mis sospechas. De más está añadir que dedicaré mayores esfuerzos a investigar con más profundidad a este grupo de aventureros, lo que espero concientizará a los padres de jóvenes lectores para que no endiosen indebidamente a figuras de dudosa calidad moral tales como “Albatros” o “el Capitán Karrnath”.
Para nosotros los entendidos en las diversas manifestaciones sociales, no es sorprendente que Stormreach, con su amplia diversidad cultural, haya desarrollado un mito urbano como el de “El Visitante”. Vonn Ludwig nos muestra una versión que explicaría la desaparición de exactamente seis personas extrañas una vez al año en el sexto día del sexto mes. La explicación resulta lúdica, épica y hasta consistente… De no ser por dos factores que expondré a continuación. Primero, debo enfatizar que se trata de un mito urbano. Lo que caracteriza este tipo de relatos es precisamente su carencia total de pruebas que demuestren fácticamente su existencia. En este caso, resulta muy conveniente que quienes desaparecen son siempre extranjeros: ¿cómo es que la población local tiene la certerza de que desaparecen sin dejar rastro en manos de “El Visitante”? Siendo nuevos en la localidad, es más natural que simplemente hayan decidido regresarse sin tener la necesidad de comunicar tal hecho. La densidad poblacional de Stormreach y su característico movimiento migratorio, acompañados de las motivaciones de sus visitantes (en muchas ocasiones fugitivos de alguna justicia continental) apoyan el hecho de que puedan ser seis (quizás más, quizás menos) las personas no conocidas que abandonan simultáneamente el lugar en una sola noche. Segundo, el relato de Ludwig es protagonizado por un misterioso y tétrico “culto de los seis oscuros”. Pero siendo que la leyenda se refiere al sexto día del sexto mes, entramos en una contradicción simbólica más importante: Es de mi total convencimiento que Ludwig no sabe mucho de simbología religiosa y mucho menos del cálculo calendario de religiones tan antiguas como es la de los Seis Oscuros. El calendario usado por este culto desde el Cisma que los separó del Anfitrión Soberano no coincide con el calendario galifarino, cuyo sexto día del sexto mes se transforma sin demasiada exactitud en el segundo día del octavo mes.
Las ambiguas descripciones de Ludwig hacen hincapié solamente en el elemento escultural de las cadenas, un conocido motivo de la arquitectura religiosa dedicada a los Seis Oscuros, y que simboliza la atadura a los vicios que éstos pregonan. Resulta curioso, sin embargo, que Ludwig no mencione los colores que acompañan dicho detalle (claro que estoy segura que, de ser interrogado al respecto, “recordará” rápidamente los colores que adornan el no tan conocido símbolo de los Seis, el mismo que pudo haber visto en la única iglesia pública dedicada a ellos: da la casualidad que éste se encuentra en Stormreach). No contento con elaborar su enfrentamiento a un clérigo supuestamente animado por algún poderoso uso de nigromancia, Ludwig añade un nuevo peligro dentro del monasterio: un dragón negro. Si bien es cierto que los miembros del Anfitrión Soberano son representados ocasionalmente por una variedad de dragones, esto no sucede con su contraparte maléfica. De hecho, cada uno de ellos tiene representaciones específicas que tampoco son mencionadas por Ludwig en su relato (nuevamente estoy segura de que de ser cuestionado al respecto, “recordará” haber visto estatuas de, digamos, un tiburón, un ser obeso, una efigie de obsidiana, u otras representaciones conocidas de los Seis Oscuros). La presencia de este dragón (de ser cierta, por supuesto) me hace pensar que Ludwig confundió un culto de los Seis Oscuros por uno del Dragón de Abajo, aunque la ubicación geográfica de los incidentes (no descrita por Ludwig, pero deducida por quien escribe gracias al importante detalle de la presencia de los Islecarn, a quienes conozco personalmente) hace que me incline por negarle también esa posibilidad.
Tras el dragón, Ludwig menciona una inusual población en un monasterio: treinta sujetos armados, además de veinte arqueros en un nivel superior. Los que sabemos de lo que hablamos, podríamos intuir una mentira: bien sobre las cantidades, bien sobre el equipo de dicho contingente. Los monasterios dedicados a los Seis Oscuros tienen exactamente siempre 37 miembros, de los que sólo seis pueden llevar armas, y en ninguno de esos casos son arcos y flechas. Dejaré fuera de cuestionamiento la existencia de un nivel superior, en cuanto si bien es extremadamente raro, hay casos documentados de templos con dicho diseño.

Finalmente, la épica batalla contra el malvado de la historia. Aquél que Ludwig llama “Malfenor” no es sino una reminiscencia quizás de algún texto que haya leído (si acaso sabe leer de veras, claro), pues como sabemos, “el malfenor” es el nombre que recibe un celebrante de misas oscuras. Si hay alguna verdad en ese relato puede ser precisamente cómo se enfrentaron sanguinariamente a alguien sin intentar resolver la situación pacíficamente, recurriendo a afrentas personales y humillaciones para incrementar el ambiente de tensión y violencia. Después de todo, si son responsables de los cargos mencionados en la Encíclica Universal de la Voz de la Flama de Plata que establece su Inquisición Personal, otorgada por la mismísima Dieta de Cardenales en pleno, mencionados como, y cito: “Herejía (…), participación activa y coautoría del asesinato de hombres de fe (…), robo (…), arrogancia, carencia de caridad, deshonestidad y egoísmo”, no me caben dudas de que serían capaces del mismo comportamiento otra vez.
Concluyo enfatizando que este tipo de comportamientos es el que inspira la iniciativa del Acta de Registro Épico, de forma que los individuos que no usen sus habilidades y poderes para el beneficio de la sociedad puedan ser controlados por aquellos que sí.
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(*) Kendra Davasios es una reconocida investigadora y catedrática de la Facultad de Estudios de Xen´drik en la Universidad Wynarn, así como miembro activo de la Fundación Wayfinder. Como tal, ha participado de varias expediciones al continente perdido, y ha publicado recientemente “Los Pequeños Secretos de los Gigantes” y “La Clara Verdad sobre los Drows”. Además de ser permanente colaboradora de la Khorvairian Geographic, pasa su tiempo libre combatiendo héroes engreídos y es una ferviente defensora del Acta de Registro Épico, una iniciativa presentada ante las Cortes Internacionales de Thronehold para su debate.
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One Comment Add yours

  1. Pablo says:

    La mañana hace su entrada en la ciudad de las torres, empezando a iluminar los más altos tejados de la Universidad Wynarn.
    La niebla comienza a disiparse revelando un extraño texto, que la noche anterior no estuvo ahí, en uno de los muros inferiores del edificio: “Kendra Davasios se la pasa”

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