Seis Pecados (Segunda Parte)

Continúa el extracto del diario de Vonn Ludwig, heredero de la Casa Lyrandar y miembro aventurero de “Los Recuperadores”, publicado en la Crónica de Korranberg en un reportaje especial de Regalus Glitterdust:

Entonces ahí estábamos, entre la espada y la pared, con el peligro recordándonos nuestra mortalidad, con sangre hasta nuestros cabellos y la muerte tras nuestros cuellos. El dragón rugía estirándose y preparándose a atacar y aunque ciertamente era joven para su raza aun así era un formidable oponente, abominaciones seguían surgiendo de las sombras y el ácido entraba cada vez mas recortándonos el terreno obligándonos a retroceder. Me di cuenta en ese momento que ninguno de nosotros fue capaz de ocultar lo que sentíamos, un aire tan denso como la sangre que salpicaba de las heridas creaba una atmósfera… ¿es que acaso comenzábamos a temer por nosotros?
Perdíamos la formación cuando el capitán irrumpió con sus palabras: “NUNCA CLAUDIQUEN, MUESTREN SU CORAJE MIS BRAVOS, SI ESTE ES NUESTRO ULTIMO DIA, VENDEREMOS CARAS NUESTRAS VIDAS…”. Como despertando de un sueño rápido volvimos a la realidad y sacando fuerzas de la flaqueza empezamos el contr
aataque: el dragón, al notar a nuestro líder cargó hacia él primero, a todo trote y con furia, pero esa montaña de odio y aniquilación fue detenida por nuestro compañero Alapar, que al ver la acción, blandiendo su poderosa espada “Matadragones”, legado de su experiencia en combate, detuvo a la bestia en seco: “TENDRAS QUE LIDIAR CONMIGO PRIMERO, DRAGON…”. El monstruo rugió con fiereza, se alzó y rápidamente rehuyó el daño, logrando coger a su contrincante de la cabeza , alzándolo ante nuestros ojos por encima del suelo, hablando en una masticada lengua común: “DISFRUTARE EL ESCUCHAR COMO SE ROMPE TU CRANEO…”, pero antes de que pudiéramos preocuparnos, un rápido blandir de la espada de Alapar destazo parte de las extremidades de la bestia, haciéndola gritar y soltarlo, dándole la oportunidad de atacar de modo aun más fuerte, esta vez al abdomen de la fiera -LOS UNICOS SONIDOS QUE LOGRARAS ESCUCHAR SERAN TUS PROPIOS GRITOS… – le dijo encarando el peligro.
Afortunadamente Tanya estaba en buena posición , junto a mi primo Amadeus, quienes atacaban desde posición elevada, con flechas y hechizos respectivamente; en la ofensiva, el capitán, el Sacerdote Manulin y yo mismo rematábamos a las abominaciones , y una vez acabadas, todos juntos centramos nuestro fuego al dragón que estaba siendo contenido por Alapar; el cuarto ya estaba a más de la mitad de ácido y el monstruo al verse rodeado, logró sorprendernos con un conjuro de oscuridad. Nos distanciamos sin poder evitarlo, la bestia había salido de nuestra vista y nadie lo veía, apenas podíamos ver donde caminábamos, no podíamos defendernos, casi al instante la voz del capitán retumbo: “Manténganse en guardia, prepárense para el siguiente movimiento, listo a atacar a la señal”. Nadie sabia a que se refería ¿Cómo podríamos prepararnos si apenas podíamos ver? Cuando de pronto , aun mas fuerte retumbo la voz de Amadeus: – ¡¡¡¡¡¡AQUELLOS QUe CAMINAN EN LA OSCURIDAD, DEBEN VER LA LUZ !!!!!! Y con ello un gran destello llenó e iluminó el cuarto. Mi querido primo, aprovechándose de uno de los artilugios de los que se había apropiado de modo muy dudoso antes (nunca quise ahondar en detalles sobre sus “adquisiciones”) había lanzado un hechizo de luz de una espada que poseía.
El Dragón fue revelado extremadamente sorprendido , momento que aprovechamos todos para atacarlo al unisonó al grito de “AHORAAA” del capitán; el monstruo no soportó por mucho tiempo. Habíamos escapado de la muerte una vez más, pero ahora el cuarto estaba casi completamente lleno de ácido. Manulin y Alapar subieron encima del dragón, Tanya y Amadeus habían estado a salvo en uno de los salientes de la escalera, mientras que el capitán y yo subimos sobre una estatua, sin saber qué hacer. De pronto me percaté que del agujero de donde entro el dragón, se abría un habitación más grande, y las piedras de los costados evitaban que el ácido entrara.
Hablo el capitán: “Escuchen, creo que podemos escalar al techo y subir por las paredes si encontramos de donde sujetarnos”, mientras todos buscaban en las paredes, yo lancé mi látigo enganchándolo del candelabro que colgaba del techo de la habitación. “Afortunadamente capitán, siempre hay más de un modo de hacer las cosas” -agregué mientras me columpie y deje caer en el agujero, caí unos metros antes de darme contra el suelo, después de informar a mis compañeros la seguridad del lugar, me siguieron, sólo para darnos con la sorpresa, de que ahí estaban, amarrados y heridos, nuestra buscada Malena y un hombre hasta entonces desconocido, sin duda, futuras presas del Dragón.
Sin poder contenerme más corté las ataduras de Malena, quien muy agradecida sólo me abrazó: “Sabía que vendrías… , ¿por qué demoraste tanto?” a lo que respondí: “encontramos resistencia, pero nos dio fuerzas la esperanza de volver a verte…”. El capitán Batros se aclaró la garganta: “Vonn, creo que tendrán tiempo para ponerse al tanto después, ahora debemos sacar a los prisioneros de aquí”. El hombre se identifico como Thelase Pasar, veterano combatiente capturado recientemente por el culto. Nos lamentamos al saber que el compañero de Malena, el capitán de la embarcación en la que llegamos a Xen´drik, junto con otros tres ya habían sido sacrificados.
Este nuevo cuarto tenia puertas y pasillos, así que procedimos a escapar, nuestra prioridad eran los sobrevivientes. Subimos escaleras y pasamos por nuevos pasillos hasta que logramos llegar a la planta principal, ahora solo debíamos salir, corríamos corredores tras corredores, Amadeus daba su observación: “Bueno, debo decir que me asuste por un segundo, pero en verdad no creí que sería tan fácil llegar hasta los sobrevivientes, no fue gran reto”, a lo que respondió Alapar: “es un fuerte enemigo Amadeus, lo fácil es entrar, el problema siempre es en el momento en que se quiere salir”.
Como tentando al destino y llamando a la mala suerte, abrimos la puerta que sabíamos nos llevaría a la ultima sala antes de salir, y nos encontramos con más de 30 sujetos, cultistas sin duda, armados y encarándonos, además de, desde el piso superior, más de 20 arqueros apuntándonos, con un hombre entre ellos, que vestido con ropa clerical, blandiendo su símbolo sagrado e impío a la vez, nos miraba son sonrisa maliciosa.
“Te lo dije, el problema, siempre viene cuando uno quiere salir…”, dijo Alapar.
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