Cien Años de Perdón (Segunda Parte)

Había pasado ya una semana de reiniciada la cabalgata cuando los Recuperadores fueron emboscados entre el Great Crag y el Bosque Vigilante. Lo primero que se escuchó fue un extraño canto, tras lo cual tres harpías y dos diablos espinados llegaron volando desde las montañas que albergan la capital de Droaam. El combate fue complicado pues el grupo se había separado algunas millas atrás para despistar a posibles seguidores, pero tras un comienzo incierto lograron salvar el escollo. Por más heridos y cansados que estuvieran aquel no era lugar para pasar la noche, así que apuraron el paso y forzando los caballos al máximo cabalgaron por un día entero hasta llegar a Thrakelorn, donde algunas horas después se volvió a reunir el equipo.

Thrakelorn, el poblado más cercano a los dominios de Mordain, es una pequeña villa muy parecida a Graywall en lo oscura, ajena y perturbadora, pero con una aún menor población humana. No era un lugar agradable ni seguro para quedarse y así lo entendieron los Recuperadores, que acordaron unánimemente pasar el menor tiempo posible ahí.

La mañana siguiente encontró a los Recuperadores adentrándose ya en el bosque de carne, pero a pesar de estar tan cerca a su destino final (la oscura y retorcida Blackroot se llegaba a ver desde las afueras del bosque), sabían que los peligros estaban lejos de haber terminado. El bosque se volvió muy denso como por arte de magia y una inesperada humedad hacía difícil el respirar. Los Recuperadores descendieron de sus caballos y fueron avanzando lentamente a pie junto con ellos, hasta que el primero cayó. Una enredadera formada por lo que parecían ser ligamentos y tendones atrapó a Alapar por un pie y he hizo que éste se desplomara inmediatamente. La enredadera, aparentemente al ver que el resto venía en ayuda de su compañero, soltó el pie del soldado y se retiro hasta desaparecer tras unos arbustos. Alapar no parecía reaccionar a los conjuros del clérigo pero no podían perder más tiempo ahí, así que Manulin se quedó con él mientras el resto seguía adelante.


Alquimio Batros, Tanya, Amadeus y un nuevo guerrero enano, contratado para esta misión en particular, llevaban caminado un buen rato cuando se dieron cuenta de que ya no veían la torre de Mordain. Cada vez se les hacía más difícil ubicarse en el bosque y sentían que eran observados por ojos invisibles. La ranger había tomado la delantera para guiar al grupo cuando tres hienas aparecieron de detrás de unos árboles y se abalanzaron contra nuestros héroes. Los Recuperadores fueron al encuentro de las hienas, pero al hacer esto habían descuidado la retaguardia y de esto se aprovecharon los tres gnolls que habían planeado el ataque, lanzándose sin piedad sobre el desprotegido y siempre en la retaguardia Amadeus. El gravemente herido Warlock logró escapar por poco, pero de todas formas era demasiado tarde, los Recuperadores habían caído en la trampa y estaban rodeados.

Los ataques iban y venían y el que más recibía era el enano guerrero, que gracias a su capacidad de regenerarse conseguía ganar algo de tiempo. La cosa pintaba fea a pesar de que ya había caído una de las hienas, los gnolls peleaban muy bien en equipo y era difícil saber cuánto más podrían resistir los Recuperadores, cuando algo cambió el curso de la batalla. Por uno de esos azares del destino (una de esas cosas que no se dan muy a menudo y que seguro no se repetirá tampoco), Albatros, Tanya y Amadeus se pusieron de acuerdo y atacaron juntos a uno de los gnolls, que no logró resistir el embate y cayó también, lo que pareció disminuir el poder de sus dos compañeros. De ahí en adelante, una a una las hienas (ya fueran mitad humano o animal completo) fueron cayendo hasta que el último gnoll que quedaba en pie huyó para salvarse.


Ni bien hubo terminado el combate skinweavers descendieron de los árboles tejiendo redes sobre y con los cuerpos de los caídos, para llevárselos luego arrastrando hasta sus escondites. Fue un espectáculo horrendo ante el cual ninguno de los Recuperadores logró reaccionar. Pasada la horripilante escena, el primero en regresar hasta donde estaban los caballos fue Amadeus, quien revisó su equipaje y se dio con la “sorpresa” de que el libro de rituales había desparecido. El grupo pareció dividirse en ese momento, unos querían encontrar el libro para terminar su trabajo, mientras los otros solo querían huir de la pesadilla que era ese bosque. Finalmente acordaron salir del bosque de carne, recogiendo a Manulin y Alapar en el camino, y decidir qué hacer después; pero la verdad es que nadie sabía en qué momento había desaparecido el libro (la última vez que fue visto fue justo antes de dejar Thrakelorn) y por más que las sospechas abundaron, nada estaba claro.

De vuelta en Thrakelorn los Recuperadores estaban abatidos, algunos por haber fallado su primera misión, otros porque alguien se había burlado de ellos, aunque también estaban a los que no parecía importarles en lo más mínimo. La cuestión ahora era ¿debían volver a KhreshtRhyyl en busca del libro?, ¿o regresar donde Giff y admitir su fracaso? El tiempo demostraría que ninguna de estas opciones haría una diferencia… pues ninguna de ellas sería la elegida.

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